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viernes, 1 de septiembre de 2017

El posparto, ese gran desconocido

Hoy quiero hablaros del posparto

Porque todas las mujeres cuando estamos embarazadas, y sobretodo en la recta final, nos preocupamos muchísimo por el parto. ¿Como nos irá? ¿Padeceré dolor? ¿Será largo o rápido?¿Padecerá mi hijo? ¿Será natural o por el contario terminará en césarea?

Todas hablamos de como fue nuestro parto, porque todo el mundo nos pregunta

Pero nos olvidamos de lo que viene después que es igual o mucho más importante, y de eso nadie o casi nadie habla. Porque se supone que una vez tienes a tu hijo en brazos y te vas a tu casa eres la mujer más feliz del mundo, y tiene que ser así. Sin discusión.

Pues no señores, la maternidad efectivamente es una de las experiencias más maravillosas para una mujer y yo no la cambio por nada del mundo, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Porque las buenas siempre te hacen olvidar las que no lo son tanto.

Pero antes de sentirte así de dichosa tienes que pasar un periodo de adaptación, ya que tu vida de la noche a la mañana da un giro de 180º y además acabas de pasar por un parto que deja unas secuelas físicas y emocionales.

Os voy a contar mi experiencia: 

 
Tuve un parto natural que además fue muy rápido y todo salió muy bien; pero eso no quita que luego tuviera mis secuelas.

Cuando salí del paritorio llegué a la habitación, con cada uno de mis hijos debajo del brazo pletórica, además nos esperaban todos nuestros seres más queridos y era un momento de celebración.

Pero de cara a la noche, cuando empezó a dejar de hacer efecto la epidural vinieron todos los dolores de golpe, dolor en las caderas, por el esfuerzo hecho, y más después de haber estado dos o tres meses sin apenas moverme debido al reposo que tuve que hacer durante el embarazo; y dolor también de los puntos.

Si a eso le sumas que como madre primeriza estaba excesivamente pendiente de los niños, cada vez que se movían o hacían un ruidito mi marido y yo nos tirabámos encima de las cunitas. 

Por otra parte poniendomelos encima para ver si se cojían al pecho...

Resultado: Después de un día agotador, viene una noche entera sin dormir.
Por la mañana estaba agotada y exhausta

Mi hermana cuando a mitad mañana llegó a la habitación flipaba de verme la cara de agotamiento.

Y entonces de repente, todo el mundo quiere venir a ver a los niños.

Sí, todas esas visitas que me hubiera gustado tener cuando estuve cinco semanas haciendo reposo más aburrida que otra cosa (como os conté en este post), de repente querían venir todos a ver a los niños, sin poder esperar unos días.
Porque claro, la madre pasa a un segundo o tercer plano para casi todo el mundo. De hecho cuando sales del paritorio con tu hijo (u hijos en brazos), la única persona que se preocupará antes por ti y después verá a los niños será tu madre, los demás se tiraran todos de cabeza a ver a los niños.

A los dos días, te vas a casa con tus hijos y tu marido, y te vuelve a dar el subidón. Es el momento que has estado soñando durante todo el embarazo, la familia junta por fin todos en casa. 



Mi cara después de un par de noches en casa

Pero pasan dos o tres días y vienen las noches en vela, viene la locura de biberones, cambiar pañales, cambiar de ropita cada vez que se sale el pipi o la caca, los primeros baños, ir a arreglar papeleos, acudir al pediatra....

Aún estando esos días tu marido en casa, no te da la vida para nada más. Ya no es que se te olvide arreglarte y ponerte mona por ejemplo, es que se te olvida hasta comer. Y si te acuerdas, te haces un sandwich o lo primero que pillas en la despensa porque no tienes tiempo de ir a comprar y mucho menos de cocinar. Parce una exageración, pero los primeros días son así.
Benditas madres que vienen a verte con el tupper detrás...

A mi también se me juntó que al ingresarme a principios de mayo no había hecho el cambio de temporada de armario, y estábamos en la segunda quincena de junio y solo tenía ropa de invierno a mano. 

Saca toda la ropa de verano y ve viendo lo que te cabe y lo que no....

Encima junta el cansancio físico, el dolor del parto (que si ha sido natural, vas con el flotador a todas partes para poder sentarte, y si ha sido cesárea ya no me lo quiero ni imaginar) con todo el cambio hormonal tras el parto.

Resultado: Un estado anímico por los suelos que solo se te pasa, o por lo menos en mi caso, cuando podía sentarme un rato tranquila en el sofá con mis bebés en brazos y mi marido a mi lado.

Hay mujeres que dicen que también rechazan durante esos días a sus maridos, porque no se sienten comprendidas. En mi caso, era con la única persona que me apetecía estar. Él desde el primer momento estuvo a la altura con los niños y nos repartíamos las tareas al 50%, claro siendo dos tampoco te queda mucha más opción, pero vamos que me imagino que como los demás maridos en esa situación.

Por suerte, todo esto pasa en un par de semanas, que es cuando empezamos a adaptarnos al cambio e ir recuperando el control de las cosas.

Pero el mensaje que os quiero mandar con este post, es que en nuestras manos está normalizar el posparto, hay que hablar de ello, debemos aceptar que es lo más normal del mundo. Que se debe terminar con el mito de que desde el primer momento que nacen nuestros hijos debemos estar contentas y felices y no quejarnos de nada. Al contrario, es normal sentirse abatida, exhausta y cansada.

Porque si no lo normalizamos y no hablamos de ello, empiezan a venir los sentimientos de culpabilidad y de sentirnos malas madres.

Así que hazte un favor, hagámonos todas un favor y si eres madre, cuando hables con una amiga embarazada primeriza además de tu parto, que ya te lo preguntará ella, cuéntale también el posparto.

¿Que opináis de esto? ¿Cómo pasasteis vosotras el posparto?

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